Sexta generación de una tradicional familia de maestros orfebres, Juan Carlos Pallarols se crió entre el tintineo de los martillos y el calor del fuego que, en el taller que su padre y su abuelo poseían al lado de su casa, le daban forma a prestigiosas obras de arte. Después de una larga carrera en la orfebrería, Pallarols ya no recuerda cuando el juego se transformó en trabajo, ni cuando las piezas que llevan su impronta platería religiosa, mates, cuchillos, medallas, platos y copas, entre muchas otras – empezaron a ser elogiadas y elegidas por grandes personalidades, como los Reyes de España, el Papa Juan Pablo II, Antonio Banderas y la princesa Máxima Zorreguieta. Por estos días en su taller, ubicado en el turístico barrio de San Telmo, sus artesanos trabajan en dos importantes tareas, la restauración de la luminaria del mítico Teatro Colón que está renovando sus salas – , y los últimos detalles del bastón presidencial que en pocas semana recibirá la presidenta electa Cristina Fernández. Allí nos recibe Juan Carlos, dispuesto a mostrarnos su flamante obra y contarnos la historia del símbolo patrio que realiza desde 1983, y que, claro, se ha convertido en una de sus piezas más representativas.

¿Cómo es el trabajo que están haciendo para el Teatro Colón?

Estamos terminando la restauración de todos lo apliques, que tienen 50 kilos de peso, y de la araña central de la sala, que tiene más de 6 metros de diámetro. Es un trabajo de una gran responsabilidad y de una gran calidad porque es uno de los edificios más lindos que tiene la República Argentina. Es como una situación de ensueño por la magia que tiene el lugar. Aún sin los cortinados y sin las butacas sigue teniendo un eco y una acústica impresionante.

¿Tenía el anhelo de trabajar para el Teatro Colón?

Sí, es parte de los sueños que voy cumpliendo. He sido un gran visitante del teatro porque me gusta mucho la lírica, y poder participar en una restauración así es el anhelo de todo artesano.

Con respecto a los bastones de mando, ¿cómo es el trabajo que realiza?, ¿con qué anticipación se empieza a preparar?

Hacemos bastones cada cuatro años (risas). Como tengo una forma bastante espacial de trabajar con respecto a estas piezas que tienen que ver con los símbolos de mando, me tomo muchos meses, porque me parece muy lindo que la gente participe conmigo. En el caso particular de este bastón, más de 500 mil personas a lo largo de todo el país, porque fui desde Santa Cruz hasta el Norte y desde la Cordillera hasta el Río de la Plata, participaron de su preparación, dándole su golpecito de cincel. Es como un rito… Claro, es una cuestión litúrgica, sacramental. Poder compartir con tantísima gente algo que para ellos es tan importante como para mí, porque están participando de algo que va a tener el presidente, es emocionante. Hoy, que ya sabemos que ganó Cristina Fernández, mucha gente me dice: “Yo no la voté, pero quiero participar de esto, porque es un acto patriótico”. Estás cosas son las que me mantienen vivo, me hacen pensar que el próximo bastón lo vamos a hacer recorriendo más espacios. Esta vez, mi amigo Oscar Campi, me hizo un aparato que se conecta al bastón y mide la cantidad de golpes, así es como pudimos hacer que la presidenta electa dé el golpe número un millón, y su marido el cinco millones.

¿Qué opinión le merece tener una presidenta?

Me parece fantástico. Las mujeres están ocupando un lugar muy importante que merecen porque se les negó durante muchos años. Además, están muy preparadas para desarrollar ciertas tareas. Cuando una familia está en peligro, el timón que maneja la madre es el que salva la casa, y en un país pasa lo mismo.

¿Cómo se decide el diseño del bastón?

Hay una anécdota con respecto al diseño que vale la pena recordar. Hace muchos años me llamaron de la casa militar para pedirme un presupuesto por hacer el bastón del nuevo presidente. En ese momento, me dieron un boceto y un plano, que todavía conservo, de un bastón estilo europeo de oro y borlas. Yo lo estudié y vi que no tenía nada que ver con un país republicano, entonces hice un diseño con madera de urunday y plata, una cosa despojada, de estilo criollo y simple, pero, por supuesto, no me lo aceptaron. Creo que el bastón ya estaba encargado a una joyería pero precisaban presentar otros presupuestos para justificar la elección. Se armó un gran lío porque yo decidí cobrarlo un peso, y entonces la joyería que lo estaba haciendo lo bajó a un centavo. Cuando fue elegido presidente Raúl Alfonsin hablé con él, le conté sobre mi diseño y le gustó mucho. Finalmente se aceptó y desde aquel entonces lo sigo haciendo.

¿El modelo es siempre el mismo o los presidentes electos opinan sobre el diseño?

Si me hicieran alguna sugerencia yo la tendría en cuenta con todo cariño, pero nunca me han pedido nada diferente. En cuanto a la madera y los metales, los bastones son siempre iguales, pero como están hechos a mano no son idénticos. Lo que tienen todos es dos guardas con 24 cardos tallados, que representan a las provincias, tres pimpollos por las islas del Atlántico Sur y el escudo argentino.

En 2001 pasaron muchos presidentes por el gobierno, ¿a todos se les entregó bastón? Me acuerdo que hice dos o tres bastones, pero no recuerdo quienes se lo llevaron.

Creo que Eduardo Duhalde, Ramón Puerta y Adolfo Rodríguez Saá. ¿Cada presidente saliente se queda con su bastón? Sí, no hay una ley que reglamente el uso del bastón de mando. Creo que el congreso tendría que definir una ley con respecto a los emblemas patrios.

¿Qué valor tiene hoy el bastón?

La varilla de madera vale 5 pesos y la parte de plata, que pesa 150 gramos tiene un valor $ 150. El precio sigue siendo de un peso.

¿Cuál es la reacción de los turistas que visitan su taller?

Les encanta y me encargan todo tipo de piezas, cada uno trae sus sueños. Los que me conocen saben que el límite de mi capacidad es su imaginación.

¿Qué sueños le quedan por cumplir?

Trabajar hasta el último día de mi vida con la misma pasión que el primero. Me gustaría saber que fui útil en el momento y en el lugar en el que me tocó vivir. Mi pretensión es ser un gran artesano.

¿Cómo define la orfebrería?

Es uno de los oficios del fuego y es un modo de expresión como la escritura y la música. Yo puedo transmitir mi emoción a través de la platería porque aprendía a manejar los metales.

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