“Yo creo que la música nace con uno, no creo en adivinaciones ni en que se descubre de repente. A los 8 años mi madre y mi padre, a quienes nunca voy a terminar de agrade-cerles, me llevaron a estudiar piano con la que fue mi primera maestra de música, que fue clave en la historia de mi vida, María Helena Yanzi. Empecé a prepararme sin ninguna clase de especulación, no es que quería subirme a los escenarios, sino que la música entró de manera natural en mi vida. Estudié el profesorado de piano durante 8 años y a los 13 empecé a tocar la guitarra de oído y a cantar porque me gustaba, no había otra razón” Relata sobre sus inicios Marikena Monti, con la voz dulce que la ha convertido en una de las cantantes más representativas del país. A semanas de haber lanzado Libre, reedición en CD de sus más grandes éxitos de todos los tiempos, la cantante cuenta que eligió este nombre porque la creación siempre está asociada a la libertad, “algo que los seres humanos debemos defender permanentemente”. Y a lo largo de estos años de carrera, tras haber vivido un tiempo en París, recorrido incansablemente el interior argentino y conocido tantas ciudades del mundo, la cantante no sólo a paseado su voz por los más diversos escenarios, también ha aprendido a respetar la diversidad, apreciando las costumbres de cada cultura. Defensora incansable de los derechos humanos, Marikena siente que cocinar es un acto de amor, pero a la vez lamenta que no todos los hombres puedan ejercer el derecho de tener comida en su mesa todos los días. ¿Qué sentiste cuando llegaste a París por primera vez? Si bien yo nací en una gran ciudad como es Buenos Aires, sentí que era un lugar enorme, de una belleza extraordinaria, y hoy sigo pensando que es una de las ciudades más preciosas del mundo. ¿Qué tipo de lugares te gusta recorrer en tus viajes? Me encanta ir al interior de nuestro país, me parece que hay una calidad de gente extraordinaria, que tiene una ternura enorme con los artistas. Cuando voy al exterior, y llego a una ciudad, me gusta caminarla, mirar todo, hablar con la gente que vive allí, pienso que ese tipo de cosas son las que te hablan del lugar. Me interesa conocer sus museos, sus artistas, lo último que se me ocurriría sería ir a un shopping. Viajar es un privilegio extraordinario que a veces la gente no comprende. Yo he tenido la suerte de recorrer mucho, y es una de las cosas que más agradezco en la vida. ¿En que aspectos sentís que viajar te cambió? Me abrió la cabeza. Cuando viajás ves la vida. Es una experiencia que te enseña que no se pueden juzgar los países que uno visita, ni a la gente que vive en ellos, porque si vos empezás a comparar te perdés el placer de disfrutar. Yo fui a México, por ejemplo, y si bien había gente que me dijo que tuviera cuidado con los lugares donde comía o con el agua que tomaba, yo comí y bebí en los puestos de la calle y nunca me pasó nada. Esa es la mejor manera de conocer los sitios. Cada mundo es ese mundo, sin juicio de valores. Si a esta altura de mi vida no amara y disfrutara la diversidad, habría vivido al divino botón. Y en esos viajes, ¿qué cosas extrañas de Argentina? A los amigos, a la familia, los aromas, y ahora extraño mucho el mate porque en los últimos años me he hecho muy matera, pero trato de llevármelo. ¿Qué costumbres francesas conservás de la época en que viviste allí? Una de las cosas que conservo es que el departamento en el que vivo tiene la cocina pegada al comedor, sin puerta ni nada, y si alguna vez me mudo me gustaría hacer esto en mi nuevo hogar. La comida francesa es maravillosa, amo los patés, que engordan tanto, y el vino. Los franceses cocinan todo, y la mayoría de la gente cocina bien. Pero además Francia se jacta con razón de ser un país con una cultura muy especial. De todos modos, aunque hace mucho tiempo que no voy a París, creo que en Europa ha empezado a aparecer un gran monstruo que es la xenofobia. Hay mucho racismo e incomprensión para con la gente de otros países que llega desesperada a buscar una vida mejor, y eso me asusta. Creo que vivimos en un mundo cada vez más indiferente, y los artistas debemos predicar con el ejemplo. ¿Cocinás? Cocino regular, no soy una gran entendida, pero me fascina el tema. Me encanta cuando cocinan para mí, siento que me están dando afecto, es como una comunión. Y extraño que en las religiones se hayan perdido los rituales con la comida, porque son muy significativos. Tu mamá era tucumana, ¿qué comidas recordás de tu niñez? Ella nació en Tucumán, pero como su papá era juez se vinieron para Buenos Aires cuando tenía 16 años. Yo siento un orgullo muy grande por mi abuelo, porque fue un juez respetadísimo y con los años descubrí lo importante que es para mí la justicia. Y relacionándola con la comida, creo que todos los seres humanos tendríamos que tener el derecho de tener alimentos todos los días.

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