Estás preparando un nuevo programa sobre básquet, me imagino que estarás muy entusiasmado con este proyecto…

– Sí, porque el básquet es mi pasión y lo vivo como eso, más que como un trabajo. Es un programa de entrevistas a jugadores de NBA para TyC Sports, y estoy muy contento porque se trata de una producción propia, lo cual me abre un nuevo panorama.

Y con tanto trabajo, ¿cómo disfrutas tu tiempo libre?

– Hago yoga, practico deportes, me gusta andar en moto, ir a bailar salsa, merengue y cuarteto, y disfruto mucho de ir al cine y de salir a comer con mis amigos. También me encanta regar el parque de mi casa, es algo que me conecta con la naturaleza, lo que me hace acordar a Carlos Paz, donde me crié junto al rió, rodeado de verde. Cuando vuelvo a mi pueblo disfruto mucho de hacer las mismas cosas que hacía cuando era chico.

En el interior del país es muy común invitar a la gente a la casa de uno, pero en Capital no pasa, ¿cómo lo viviste cuando llegaste a Buenos Aires?

– Al principio fue todo un tema, me chocó mucho. Me pasó ir a la casa de una persona que creía amiga, tocarle el timbre y que por el portero eléctrico me dijera: “No te puedo atender, estoy por salir”. En Carlos Paz, cuando pasaba por la casa de un amigo, veía la puerta abierta y entraba.

¿Y te adaptaste a la cultura porteña?

– No, yo mantengo mis costumbres. Tengo una casa en Benavides, con parrilla, pileta y parque, y disfruto de que la gente venga a cambiar de aire. Me gusta recibir, hacer un asado y pasarla bien.

¿Qué otras comidas preparás?

– Hago un vacío relleno al roquefort, con perejil, cebolla, ajo y morrones, que lleva tres horas de fuego. También hago pollo al disco, matambrito a la pizza y brochette. Nunca pude estudiar cocina, pero me encantaría.

¿Tenés recuerdos relacionados con los sabores y aromas de Córdoba?

– Recuerdo que mi vieja hacía comidas simples pero muy ricas (risas). Y tengo un gran cariño por recetas como la del vacío, que tome de mi cuñado, un especialista en la cocina. Me gusta volver a su casa, y que él haga esos mismos platos que me enseñó.

Tu trabajo te ha permitido viajar mucho, ¿cuáles fueron los platos más exóticos que probaste?

– Como de todo porque me gusta probar, descubrir sabores nuevos. He comido especialidades tailandesas, coreanas, mejicanas. Me acuerdo haber insultado a una amiga que en París me llevó a comer a un restaurante hindú un plato muy picante y desagradable.

En cuanto a la cultura y los paisajes, ¿qué lugares del mundo te han impactado?

– De Estados Unidos me gustaron mucho San Francisco, Nueva York, y algunas ciudades chicas como Boston y Denver. Japón me pareció un lugar raro al que no volvería porque tiene una cultura muy diferente a la nuestra. Y de Europa elijo París y Roma, porque me apasiona la historia. De todos modos, con el tiempo descubrí que ya no me gustan las ciudades grandes, prefiero los lugares más pequeños como Carlos Paz, rodeados de naturaleza.

En AM se te ve como un fanático del mate, ¿es tan así?

– Sí, siempre. Cuando falto al programa nadie hace, yo soy el gran promotor. Tengo todo el equipo y no dejo que nadie me lo toque porque, para mí gusto, lo preparan mal (risas).

¿De quien heredaste la costumbre?

– De mi mamá. En Carlos Paz somos de ponerle yuyitos, peperina, cedrón, té de burro, todas esas cosas que le hacen bien al estomago. Soy un verdadero apasionado del mate. Leo mucho sobre el tema, colecciono y regalo mates. Tomo tanto que me aburro de ver siempre el mismo recipiente y lo voy cambiando, es como una renovación. Es un pequeño fetiche que tengo, junto con las zapatillas de básquet.

¿Qué repercusión ha tenido tu mate en otras partes del mundo?

– Lo llevo a todos lados y siempre lo quieren probar, pero a nadie le agrada. El mate nos gusta sólo a los argentinos, es increíble.

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